Qué visitar en el Biobío: lagos, saltos y una isla casi secreta

El Biobío suele ser, para muchos viajeros, una región de paso: se llega a Concepción, se come algo, y se sigue hacia el sur o hacia el norte. Es una pena, porque en pocas horas de auto desde la costa se pasa de playas y lagos tranquilos a volcanes, saltos de agua, valles pehuenches y una isla que casi no figura en las guías. Lo que sigue es una selección de lugares para visitar en el Biobío, pensada para armar escapadas de fin de semana o un viaje más largo.
Antuco y la laguna del Laja
A algo más de dos horas de Concepción, al pie del volcán Antuco, está uno de los paisajes más completos de la región. El Parque Nacional Laguna del Laja reúne bosques nativos, cascadas como el Velo de la Novia, el Salto Las Chilcas, el Torbellino y el Trubunleo, y senderos de dificultad variada que sirven tanto para una caminata corta como para un día entero de montaña. La zona también se usa para el trekking y el alpinismo. A poca distancia, el famoso Salto del Laja completa la visita con un paisaje clásico: una gran caída de agua con el volcán de fondo.

Lanalhue, el lago de la costa
Hacia el oeste, en la provincia de Arauco, el lago Lanalhue combina naturaleza, cultura mapuche y deportes de agua. Hay buenos caminos para mountain bike y cicloturismo, y es un lugar cómodo para el kayak o el esquí acuático. Si te acercas hacia Contulmo, el sector de Rukalelbún permite alojar en rucas, probar comida mapuche y conocer algo de su idioma y su forma de vida, siempre con un trato respetuoso. Es un buen punto de partida para quien también quiere visitar el Parque Nacional Nahuelbuta, que queda hacia el interior.

El Alto Biobío: araucarias, pehuenches y lagunas escondidas
Es la parte más remota de la región, y quizás la más memorable. Dentro de la Reserva Nacional Ralco está la laguna La Mula, rodeada de araucarias enormes, donde se hace trekking y rafting; cerca hay un museo pehuenche y el valle del Pangue, que se presta para el cicloturismo. A poca distancia, la laguna El Barco, que pertenece a una comunidad pehuenche, recibe su nombre por una isla de tierra en medio del agua que, desde lejos, parece una embarcación. Es una zona para ir con tiempo, buenas botas y la disposición de respetar las normas y la cultura de quienes viven allí.

La laguna El Manco
En la comuna de Tucapel hay un lugar tranquilo que muchos habitantes de la región tampoco conocen: la laguna El Manco. Se puede caminar, recorrer sus bosques en bicicleta o acampar en la pequeña playa que la rodea. No es un destino de multitudes, y por eso conviene llevar lo necesario para el día y confirmar el acceso antes de ir.

Isla Mocha
Frente a la costa de Arauco, la isla Mocha es uno de los lugares más especiales del sur de Chile. Allí se protege la Reserva Nacional Isla Mocha, con unas sesenta especies de aves y colonias de lobos marinos, y es posible hacer trekking, buceo, pesca con mosca, safari fotográfico y cabalgatas. Llegar requiere coordinar embarcación o vuelo y depende del clima, así que lo mejor es planificar con margen de días y consultar con los operadores locales.

Un paso más allá: dos escapadas por Ñuble
Desde 2018, el valle del Itata y la zona de Las Trancas pertenecen a la Región de Ñuble, pero casi siempre se visitan en la misma ruta que el Biobío. El Itata, entre Bulnes y San Carlos, es territorio de vinos, con ensambles y productos orgánicos, y una caída del río de unos setenta y cinco metros. Si sigues el curso, llegas al Saltillo del Itata, una pequeña laguna natural. Y en el valle Las Trancas, a unos setenta kilómetros de Chillán, se hacen caminatas hacia la cueva de los Pincheira, la laguna del Huemul y el cerro Las Cabras, además de recorrer el corredor de los Nevados de Chillán.


Una ruta de tres días que funciona
Si tuvieras que elegir, una combinación razonable sería esta: el primer día, salir temprano de Concepción hacia Antuco y pasar la tarde entre el volcán, los saltos y el Salto del Laja, con alojamiento en la zona; el segundo día, dedicarlo al Alto Biobío, con la laguna La Mula o la laguna El Barco como plato fuerte, y regresar con tiempo antes de que anochezca por los caminos de ripio; y el tercero, bajar a la costa de Arauco, sentarse a la orilla del Lanalhue y, si el clima acompaña, mirar la isla Mocha desde alguna caleta o armar una excursión para otro viaje. No es un itinerario para apurarse: es un recorrido para manejar con calma, parar a conversar con la gente y comer donde se junte el público local.
Para comer bien en el camino
La cocina del Biobío tiene mucho de mar y de campo. En las caletas de la costa se encuentran pescados frescos, mariscos y empanadas, mientras que en el interior es habitual probar asados, pan amasado, mermeladas y productos de huerta. En los sectores pehuenches, además, se puede probar el piñón, el fruto de la araucaria, tostado o cocido, que es parte de la dieta tradicional de la zona. Si quieres comer a gusto, pregunta en tu alojamiento por restaurantes cercanos, porque en los caminos rurales hay pocas opciones y los horarios cambian según la temporada.
Cómo organizar el viaje
Concepción es la base más cómoda para casi todo, con aeropuerto y buenas conexiones por carretera. Los trayectos hacia el Alto Biobío y la isla Mocha exigen más tiempo de lo que parece, así que conviene dormir cerca y no intentar todo en un día. La mejor época para la cordillera va de noviembre a abril; en invierno, la zona de Antuco y el Alto Biobío puede tener nieve y caminos cerrados. Para completar el viaje, revisa nuestra guía de la Región del Biobío y el artículo sobre Los Ángeles y sus alrededores.
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